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Columnas

En deuda con el planeta

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Por Agustín Villanueva Ochoa


Dicen que las deudas se pagan y los favores se agradecen.

 

Cuando se trata de hablar acerca de una deuda, primero debe especificarse si se referirá a una económica o a una moral. Si alguien adquiere un bien o servicio y su costo monetario ha de pagarse en una fecha futura acordada, se está haciendo alusión a una deuda económica. Si alguien, en cambio, recibe un favor de otra persona y esta no acepta un pago por el mismo, es un ejemplo que describe una deuda moral; misma que suele formalizarse con una frase como “Gracias por tu ayuda, estoy en deuda contigo”, simbolizando que se espera poder devolver el favor algún día.

¿Podría acaso la raza humana tener una deuda moral con nuestro planeta?

Desde hace milenios la Tierra ha sido la mejor anfitriona del Sistema Solar, pues ha provisto a los seres humanos y demás seres vivos, las mejores condiciones de vida. Hoy existe una gran deuda moral, ya que la humanidad ha estado tomando recursos del planeta desde el inicio de su evolución. En realidad, todos los seres vivos necesitan de la comida y energía que pueden encontrar en su entorno, la gran excepción son los humanos, que aprendieron a transformar y obtener mayores beneficios, pero con uso desmedido que altera el equilibrio del medio ambiente.

Con cada revolución industrial y tecnológica parece que se encuentran más formas de bienestar para la humanidad, lamentablemente, la mayoría de las veces ha sido a costa de tomar más del planeta. Tales beneficios no son gratis, pues es una deuda que tarde o temprano habrá de pagarse. Podemos encontrar entonces señales evidentes del impacto negativo que tiene la raza humana en la tierra: extinciones, contaminación, cambio climático, por mencionar algunas.

Toda esta deuda parece gigantesca y difícil de pagar, y más aún, desde una perspectiva individual. Sin embargo, existen algunos términos que nos ayudarán a entender la deuda que existe individualmente. Se trata de las huellas que la humanidad deja en el planeta, específicamente tres de ellas: la huella hídrica, la de carbono y la ecológica. Estos conceptos a veces pueden combinarse o incluso confundirse, de ahí la importancia de definir cada uno.

La huella hídrica es un indicador del uso de agua que toma en cuenta al uso directo e indirecto por parte de un consumidor o productor. La huella hídrica de un individuo, comunidad o comercio se define como el volumen total de agua dulce que se utiliza para producir los bienes y servicios consumidos por el individuo o comunidad, así como los producidos por los comercios.1 Se mide en metros cúbicos per cápita.

La huella de carbono se define como la totalidad de gases de efecto invernadero emitidos directa o indirectamente por un individuo, organización, evento o producto.2  Se mide en unidades de carbono equivalente.

La huella ecológica se define como el total de superficie ecológicamente productiva necesaria para producir los recursos consumidos por un ciudadano medio de una determinada comunidad humana, así como la necesaria para absorber los residuos que genera, independientemente de la localización de estas superficies.3 Se mide en hectáreas por habitante.

Desde hace algunas décadas se ha empezado a tomar conciencia social sobre la contaminación y el cambio climático. Con frecuencia escuchamos de campañas ecológicas para no tirar basura o para reciclar desechos, por mencionar un par de ejemplos. La realidad es que hasta el momento los esfuerzos no han sido suficientes por la poca participación e involucramiento de la sociedad, el sector público y el privado.

Comprendiendo lo anterior, entonces será posible para la humanidad hacer un auto examen de conciencia. Podrán preguntarse y reflexionar sobre cuánto CO2 se liberará por usar el automóvil al trabajo, cuánta agua fue necesaria para producir el refresco adquirido en el supermercado, o cuán grande fue el pedazo de tierra necesario para cultivar todos los ingredientes del desayuno. A fin de cuentas, estos métodos de mayor o menor precisión, son una forma de cuantificar y analizar el impacto que tenemos en la Tierra.

Lo cierto es que la raza humana seguirá siendo una carga muy grande para el planeta. Las demandas de la humanidad sobre el mundo son 50% mayores de lo que la naturaleza puede regenerar, por lo que a este ritmo son necesarios 1.5 planetas para producir los recursos necesarios que permitan soportar la huella humana. Para comprender la magnitud de tal huella se plantean las tres siguientes realidades: se corta madera más rápido de lo que los árboles pueden producir, se extrae agua a mayor velocidad de lo que los acuíferos se pueden reponer y se emite CO2 más rápido de lo que la naturaleza puede absorber. 4

Producir automóviles con certificación de cero emisiones o construir edificios autosustentables ya no es ciencia ficción, en ambos casos se trata de un concepto en el que elementos tradicionalmente contaminantes tienen una reingeniería para que su impacto se reduzca lo más posible. Existen ahora muchos otros ejemplos como las bolsas, botellas o empaques, que han dejado de ser de plástico para pasar a polímeros que se biodegradan más fácilmente, o todos esos cultivos orgánicos en los que ya no se aplican sustancias como pesticidas y fertilizantes. Ojalá más personas, más comunidades, más empresas y más gobiernos fueran más responsables con el ambiente.

Este cambio de conciencia es ahora una esperanza para revertir los efectos climáticos provocados por la huella humana. Ser conscientes del impacto negativo, elegir opciones más eficientes y menos contaminantes e impulsar políticas públicas que realmente tengan perspectiva sustentable y sostenible, serán algunos de los factores determinantes que pondrán a prueba a la humanidad en los próximos años.

A primera vista y con una visión a corto plazo se puede vislumbrar que la raza humana le está haciendo daño al planeta. La realidad es que a corto, mediano y largo plazo el daño lo hace y lo recibe al mismo tiempo la humanidad, pues la Tierra estará sufriendo y soportando los embates, pero la civilización humana llegará a un punto en el que posiblemente no resistirá una degradación mayor del ambiente, lo cual podrá significar que los humanos se extingan.

Seamos empáticos con la Tierra, identifiquemos cuáles son sus necesidades y ayudemos a solucionar sus problemas. Nuestra capacidad de adaptación es uno de los principales rasgos de la raza humana, hagamos uso de ello para cambiar malos hábitos y comportamientos. La Tierra se ha sacrificado por nosotros durante mucho tiempo, es ahora nuestro turno. No permitamos que la humanidad olvide esta importante deuda con la Tierra, pues corremos el riesgo que nos cobre más intereses, que el pago sea imposible de realizar, que las consecuencias sean irreparables y que nos demos cuenta muy tarde de lo siguiente: no debimos aprender de los japoneses el harakiri.

“No somos lo que hacemos ni lo que pensamos. Tan solo somos la huella que dejamos.” M. J. Bustelo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

  1. https://www.ecointeligencia.com/2016/03/huella-hidrica/
  2. https://www.ecointeligencia.com/2017/07/huella-carbono/
  3. https://www.ecointeligencia.com/2011/03/que-es-la-huella-ecologica/
  4. https://www.elmundo.es/ciencia/2014/09/30/542a5136e2704e34068b456d.html

 

 

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