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Columnas

“Entre dichos y hechos”

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Erika Cornelio Ramos

@ErikaCornelio


No, la culpa no es de las mujeres: Mee too

No, la culpa no es de las mujeres.

El primero de abril amanecimos con la noticia que el cantante Armando Vega Gil, cofundador del grupo de rock Botellita de Jerez, se había quitado la vida, dejando una carta en la que señalaba que después de una denuncia anónima pronunciada en la cuenta de twitter #MeetooMusicosMexicanos, se le señalaba que había cometido abuso y acoso contra una niña de 13 años, cuando el cantante contaba con 50 años de edad.

El gran problema es que esto ha generalizado un debate acalorado en donde se ha querido deslegitimar la denuncia pronunciada, y se ha señalado a Armando Vega Gil como un mártir de estos movimientos; nada más alejado de la realidad.

Hagamos un ejercicio de imaginación.

“Tengo 13 años, y como cualquier niña me encanta la música, para mi sorpresa, me invitan a la casa de mi artista favorito, yo ilusionada y emocionada, decido aceptar. Ahí, aprovechándose de mi ingenuidad, me lanza miradas extrañas, pero no lo entiendo, intuyo que algo no me gusta, me empieza a decir que soy muy bonita y que cualquiera pudiera estar conmigo. A mis trece años, no entiendo porque alguien mayor me diría algo así, prefiero olvidarlo. Esto ocurre las veces que me invitan a su casa. Conforme pasa el tiempo empieza a mandarme mensajes con alto contenido sexual, por lo que, por miedo, decido bloquearlo”

La niña de 13 años, hoy de 27, ha decidido denunciar de manera anónima, y las redes sociales, no hacen más que cuestionar la denuncia, como si denunciar en un país, donde las mujeres son asesinadas cada dos horas y donde la violencia es normalizada, o donde las instituciones tienen escasa sensibilidad y atención para mujeres que viven violencia, sea la ruta más sencilla para encontrar la justicia.

Seguimos cuestionando a la víctima, y dejándole la carga de la culpa, incluso de la decisión de otra persona de quitarse la vida, queda claro que son dos hechos vinculados, porque quien los perpetuó fue la misma persona, pero las causas y consecuencias de uno o de otro son distintas.

Las mujeres quisiéramos vivir en una sociedad, donde no se nos condenara a la violencia por el hecho de ser mujeres, nos gustaría que las Instituciones, entendieran que una mujer no denuncia por gusto, y que no es una situación en la que con facilidad quisieras exponerte. Luego entonces, el anonimato es una decisión personal de quien acusa, porque no encuentra un Estado que le garantice una impartición de justicia equitativa.

En consecuencia, no, la culpa no es de las mujeres, es de este sistema plagado de irregularidades, en el que las desigualdades entre mujeres y hombres siguen, obstruyendo la justicia, pero sobre todo siguen confinando a las mujeres, a vivir en el descredito y en la opresión de quienes atentan contra ellas.

El Estado debe configurarse en el protector y defensor de quienes hoy en día vivimos con miedo de salir a las calles, y por si no fuera poco, con miedo de denunciar a nuestros agresores.

En suma, no estamos exigiendo, nada fuera del otro mundo, sino lo justo, que la justicia también llegue para quienes vivimos en la eterna desigualdad, a la que se nos ha confinado en un mundo visto solo desde una mirada: la de los hombres.

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