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Columnas Editorial

Los millenials están quebrando el sistema de pensiones por su decisión de no tener hijos

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Júbilo dorado

Por Agustín Villanueva Ochoa

 

México ha cambiado con el tiempo, definitivamente no es el mismo de hace cuarenta años.

En aquellos días era muy difícil acceder a productos y servicios de origen extranjero, de hecho, el término “globalización” era poco conocido, lo cual era ventajoso, pues el boom del milagro mexicano permitía cierta comodidad para la nueva clase media. En ese entonces se afirmaba que las y los trabajadores se podían integrar a una vida laboral estable y, que una vez llegado el momento, podrían jubilarse con prestaciones que garantizarían un retiro digno.

Ese modelo de pensiones resultaba común en los países occidentales que buscaban hacer crecer sus economías, al tiempo que mejoraban la calidad de vida de la ciudadanía.

Sin embargo, conforme han pasado las décadas se ha demostrado que tal sistema está debilitándose, principalmente por la desaceleración de la economía y los cambios demográficos globales.

Las pensiones basan su funcionamiento en que al jubilarse una generación de trabajadores, las siguientes ya se habrán incorporado a las actividades productivas y a través de sus aportaciones, se podrá mantener el ingreso de los pensionados. Lo anterior funciona, siempre y cuando la pirámide poblacional se mantenga con una base más numerosa que su cúspide, sin embargo, la tendencia ha sido contraria, pues las familias tienen cada vez menos hijos y los avances médicos permiten que las personas vivan por más años.

En otras palabras, comienza a haber más personas mayores que puedan sostener la economía, en lugar de que sean las generaciones más jóvenes quienes tengan ese rol; tal situación pone en jaque todo el sistema de pensiones.

A estas alturas es complicado revertir ese efecto demográfico, a menos que decidamos seguir el ejemplo de nuestros abuelos: tener tres, cinco o más hijos por familia.

La “Generación Millennial” se encuentra atrapada en una situación laboral a largo plazo bastante comprometida, en el que un retiro digno ya no está completamente garantizado.

La realidad para los trabajadores actuales es muy diferente a la que se tuvo en el pasado. Esta generación es la que ha obtenido mayores grados académicos en la historia, no obstante, son frecuentes las dificultades para conseguir empleos bien remunerados; hoy un título universitario no asegura un buen empleo. Y para rematar, generar ahorros y darse gustos ya no es tan sencillo, de hecho, los pronósticos son desalentadores, pues señalan que incluso cuando la edad dorada llegue para la ahora generación joven, esta deberá seguir trabajando para mantener su ingreso y sobrevivir.

La Ley del 97 y la costumbre de no ahorrar

 

Lo anteriormente planteado surge por dos razones. La primera se debe a la ley que sustituyó al original sistema de pensiones, conocida como la ley del 97, la cual contempla que el estado y los patrones aporten para el ahorro del retiro de sus trabajadores, incluyendo que los propios trabajadores también aporten para ese ahorro, dando origen a la segunda razón, pues un gran porcentaje de las y los mexicanos no tienen la costumbre de ahorrar a largo plazo, lo que resulta que las pensiones sean inferiores a los salarios.

El tema ha estado en la mesa de los gobiernos y partidos políticos por mucho tiempo y, a pesar de que se ha ido postergando, tarde o temprano empezará a adquirir mayor importancia.

 

En países como España, Chile y más recientemente en Nicaragua, se ha buscado reducir incluso más las aportaciones del estado, argumentando que las pensiones ahorcarán a las finanzas públicas, causando inconformidad en la sociedad.

Ante la tormenta que se avecina, considero prioritario que nos informemos sobre la situación de nuestro propio ahorro para el retiro. Existen alternativas entre las que destacan las Administradoras de Fondos para el Retiro (AFORE). La clave es encontrar la forma de disfrutar nuestro presente y al mismo tiempo, construir cimientos fuertes para nuestro futuro.

“En la juventud aprendemos, en la vejez entendemos”. Marie von Ebner-Eschenbach

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